El  Gran Castigo - 1

(El Compromiso)

¿Cómo llegue a esto?, esperando en lencería a mi ahora marido que antes seria mi Cuñado, ¿Cómo me habia dejado llevar hasta este punto? ¿y por que sentía que de a poco el disgusto se volvia en aceptación? y en.... expectativa o .... impaciencia?




Mi abuela Emilia, la matriarca de los Witchcraft, siempre fue el faro que guio a nuestra familia. Sus enseñanzas resonaban en cada rincón de la imponente mansión a las afueras de la Ciudad de México, donde generaciones de Witchcraft habíamos prosperado gracias a la distribución de perfumes de alta gama. Nos inculcó la importancia de la educación, el respeto hacia los demás y, sobre todo, la inquebrantable lealtad familiar, éramos una estirpe de valores tradicionales, orgullosos de nuestro estatus y de la sólida reputación que habíamos construido.




En aquella casa, bajo la atenta mirada de la abuela, vivíamos mi padre, Manolo, el carismático, pero severo gerente de nuestra exitosa empresa; mi madre, Romina, una mujer de corazón noble aunque de carácter sumiso, quien a menudo suspiraba por no haber sido más firme en mi crianza; mi inteligente y sensata hermana menor, Sandra, una joven de dieciséis años con un futuro prometedor en los negocios que contrastaba enormemente con mi propia indolencia; y yo, Rafael, el primogénito de dieciocho años, destinado, según las expectativas patriarcales de mi padre, a ser el digno heredero del emporio Witchcraft.


Abuela


Manolo (Padre)




Romina (Madre)




Sandra (hermana menor)



Rafael (Yo)




La verdad era mucho menos gloriosa, mientras mi padre me moldeaba para ser un “hombre entre hombres”, responsable y dominante, yo me dedicaba a perseguir chicas y a evitar cualquier responsabilidad que se cruzara en mi camino. Mi vida era una sucesión de fiestas, conquistas efímeras y desplantes que mi padre que con una mezcla de frustración y resignación, terminaba encubriendo, en retrospectiva, era una vergüenza para el apellido Witchcraft, un borrón en el linaje que mi abuela tanto se había esforzado por mantener impecable, jamás habría estado a la altura de las expectativas, jamás habría podido ser el heredero que mi padre anhelaba.




Un día, después de un mes de ausencia por un viaje de aniversario en el extranjero, mis padres regresaron a la mansión con una noticia que, sin que yo lo sospechara, estaba a punto de sacudir los cimientos de mi existencia.
P. Manolo: hijos míos siéntense, hay algo que debo decirles —ordeno feliz mientras le daba una nalgada a mi madre quien se dirigía a la cocina y Sandra y yo obedecimos, tomando asiento en los mullidos sillones del salón principal —en nuestro viaje por nuestro aniversario conocí a un nuevo socio de negocios, el respetado señor Eobard Zolomon, líder del prestigioso grupo financiero Zolomon —declaraba muy orgulloso
En mi mente, la imagen de un hombre de negocios adusto y calculador tomó forma, los Zolomon eran una fuerza en el mundo de las finanzas, su nombre sinónimo de seriedad y éxito, no podía imaginar qué tipo de alianza podría surgir entre nuestras familias, mundos aparentemente tan distintos. Mi madre regresó con una bandeja de galletas y una sonrisa dulce, aunque en sus ojos pude percibir una sombra de inquietud, Sandra con su habitual perspicacia, me lanzó una mirada interrogante, como si intuyera que aquella noticia trascendería una simple sociedad comercial.

Eobard Zolomon




P. Manolo: El señor Zolomon tiene un hijo - prosiguió mi padre, con un brillo especial en los ojos— Un joven brillante y responsable, con un futuro prometedor en los negocios familiares, se llama Barry Zolomon —menciono entusiasmado mostrando la foto de un joven varonil e imponente, incluso parecía seductor su mirar

Barry Zolomon


Un escalofrío recorrió mi espalda, no sabía por qué, pero aquella presentación me generaba una extraña incomodidad, Barry Zolomon, el nombre resonaba en mi mente con una mezcla de admiración y una punzada de… ¿Envidia?
P. Manolo: Hemos congeniado muy bien con Eobard —añadió mi padre, entusiasmado— Es un hombre de palabra, un hombre justo, para él la palabra de alguien vale más que mil contratos —menciono muy emocionado como nunca antes lo vi, recalcando lo del valor de la palabra, en ese momento, mi madre carraspeó suavemente, atrayendo la atención de mi padre.
M. Romina: Manolo …— dijo con su típico tono sumiso, pasivo que la caracterizaba— quizás deberías contarles la otra parte de la noticia —menciono tímidamente
P. Manolo: Ah, cierto, gracias, querida— agradeció mi padre, luego le arrojo una sonrisa cómplice— casi lo olvido, Barry no está solo, él tiene una hermana mayor —dijo muy sonriente sorprendiendo tanto a mi hermana como a mí
Mi interés, hasta entonces casi nulo, se disparó, una hermana mayor ¿Cómo sería? ¿Tan exitosa y responsable como su hermano? ¿Será guapa? ¿Será rubia?
P. Manolo: Se llama Iris - reveló mi padre, mostrando la foto de una joven algo madura, con una sonrisa aún más amplia.
Sandra y yo nos miramos, la sorpresa escrita en nuestros rostros "Iris” no era un nombre que evocaba otra cosa, sino delicadeza o fragilidad, nada que ver con la imagen de una poderosa heredera que se mostraba en la foto.

Iris Zolomon



P. Manolo: Verán, hijos —continuó mi padre, con un tono que denotaba una mezcla de orgullo y un secreto apenas contenido— la familia Zolomon es… particular en sus costumbres, Barry como hijo varón, lleva el peso de la empresa a pesar de que Iris es la hermana mayor, ella como mujer tiene menos responsabilidades, pero aun así es una exitosa miembro del grupo Financiero —dijo muy sonriente mientras me veía

P. Manolo: Eobard y yo hemos estado discutiendo cómo fortalecer nuestros lazos - prosiguió, evitando mi mirada y dirigiendo una sonrisa cómplice a mi madre - Y hemos llegado a un acuerdo que beneficiará a ambas familias —declaro orgulloso

Mi estómago se encogió al oír “beneficiará”, la palabra resonaba en el aire como una advertencia.

P. Manolo: Para empezar —anunció mi padre, como si estuviera presentando un logro trascendental— para sellar nuestra alianza comercial de una forma aún más sólida, Barry Zolomon se casará contigo Sandra —revelo con mucha seguridad

Mi cabeza giró hacia mi hermana, que palideció visiblemente, Sandra, siempre tan centrada y ambiciosa, parecía completamente descolocada, ella jamás había salido con alguien y ahora la comprometerían.

Sandra: ¿Casarme? —preguntó, su voz, apenas un susurro incrédulo - ¿Con Barry Zolomon? —menciono aún pálida de la revelación inesperada, aunque parecía algo molesta

P. Manolo: Así es princesita —confirmó mi padre, asintiendo con entusiasmo— Barry es un joven excelente, responsable, con un gran futuro será un excelente partido para ti y para nuestra familia —declaro orgulloso como nunca antes, de hecho parecía que hablaba del hijo que siempre quiso que yo fuera, eso me molesto

Mientras Sandra intentaba asimilar la noticia, mi mente comenzaba a maquinar, “¿ese tal Barry seria él heredó de las 2 familias? ¿Dónde quedo yo?, lo peor mi hermana solo tendrá que casarse para tener la buena vida, pero entonces yo me quedaré sin nada”, la injusticia de la situación me picó como una avispa gigante.

P. Manolo: Y tú, Rafael —continuó mi padre, volviendo su atención hacia mí, su tono ahora más serio y cargado de una determinación inquebrantable, por un momento me surgió una pequeña esperanza— tú también tendrás un papel crucial en esta unión y tendrás que tomártelo seriamente —menciono severamente como advirtiéndome que no metiera la pata.

Rafael: ¿Qué clase de papel? —pregunté, mi voz teñida de un sarcasmo amargo— ¿El del bufón de la corte? —preguntó burlonamente, cuando me pongo nervioso, digo tonterías

P. Manolo: hmmm —Mi padre ignoró mi comentario —Tú Rafael, te volverás el asistente de Iris Zolomon-dijo serio, ante eso mi sonrisa burlona y nerviosa paso a una mueca de sorpresa


Rafael: ¿asistente? - repetí indignado, sintiendo una punzada de suspicacia— ¿Por qué yo? ¿Por qué no Sandra, que iba a casarse con su hermano? —pregunte muy molesto

 


Rafael: ¿asistente? - repetí indignado, sintiendo una punzada de suspicacia— ¿Por qué yo? ¿Por qué no Sandra, que iba a casarse con su hermano? —pregunte muy molesto

La respuesta, cuando llegó, me golpeó como un balde de agua fría.

P. Manolo: hijo te lo diré directamente, Barry es todo lo que tú jamás serás y se casara con tu hermana para unir las 2 familias, además de dar un hijo lo más pronto posible para asegurar el linaje de ambas familias - declaro fríamente— sus hijos serán los Herederos después de él —explicó mi padre, con un tono cuidadosamente neutral —como tú eres un bueno para nada que no ha aprovechado en familiarizarse con el negocio o estudiar para ser alguien, además que me canse de cubrirte esperando te vuelvas un hombre y digno heredero—menciono despectivamente mirándome de una manera muy decepcionado
Me mantuve en silencio, me sentía humillado, mi propio padre me decía que no era nada para la familia o su futuro

P. Manolo: pero para tu suerte Eobard me convenció de darte esta última oportunidad —explicó algo cansado —esta será tu última prueba Rafael, deberás aprender de Iris todo del negocio del grupo Zolomon, serás su secretario, su mayordomo, si ella te pide que limpies con tu ropa el suelo lo harás —recitaba con total severidad —y por último jamás pienses siquiera en verla de otra manera que no sea tu jefa, deberás darle tu palabra que respetarás a su hija al señor Eobard Zolomon —declaro mirándome con unos ojos penetrantes mientras yo apretaba los dientes enojado
La bilis me subió a la garganta, "¿Mi última oportunidad? ¿Ser el sirviente de una mujer para aprender un negocio que nunca me interesó?", la humillación era palpable, casi física. Mi padre, el hombre que siempre me había presionado para ser un "hombre entre hombres", ahora me relegaba al papel de un simple empleado de una mujer, desheredándome en favor de mi hermana y un extraño.
Rafael: Mi palabra… —repetí, el sarcasmo goteando de cada sílaba — ¿Y qué obtengo yo a cambio de esta… oportunidad'? —desafíe sin medir mi tono de voz torpemente

P. Manolo: Obtienes la oportunidad de no ser desterrado de esta familia Rafael —respondió mi padre con frialdad —Obtienes un techo sobre tu cabeza y comida en tu mesa, considera esto un acto de caridad por nuestra parte —dijo muy enojado viéndome

La rabia me recorrió como un rayo, "¿Caridad yo?, el primogénito de los Witchcraft, reducido a la caridad de mi propia familia, miré a mi madre, esperando alguna señal de compasión, pero sus ojos estaban fijos en sus manos, como si temiera alzar la vista, Sandra con su habitual pragmatismo, asintió con la cabeza ante las palabras de mi padre.

Sandra: Es lo justo, Rafael —dijo mi hermana sin mirarme con un tono muy apagado —Siempre has sido un irresponsable, no te quejes esta es tu oportunidad de enmendar tus errores —dijo un poco enojada
Rafael: ¿Enmendar mis errores convirtiéndome en un esclavo de una mujer? —repliqué, sintiendo cómo la frustración se convertía en un nudo en mi garganta.


P. Manolo: ¡BASTA YA RAFAEL! —grito mi padre, su paciencia finalmente agotada —El trato está hecho, le darás tu palabra al señor Zolomon cuando llegue y cumplirás tus obligaciones con Iris ¿Entendido? —declaro con severidad y mirándome con desprecio


Apreté la mandíbula, negándome a ceder, pero bajo su mirada severa y la resignación silenciosa de mi madre, supe que no tenía otra opción.


Rafael: Entendido —murmuré entre dientes, la palabra sabiendo a ceniza en mi boca.

En ese momento, la puerta del salón se abrió y una figura imponente entró, era un hombre muy alto de rostro serio y penetrantes ojos azules, vestido con un traje impecable que irradiaba autoridad, era Eobard Zolomon y tras él, una joven rubia de rostro maduro, también muy alta, de hecho más alta que yo y una sonrisa segura, aunque algo reservada lo seguía ella era Iris Zolomon y junto a ella, un joven alto de porte elegante y una mirada que, a pesar de su seriedad, tenía un brillo seductor era Barry Zolomon.
La familia Zolomon había llegado, mi padre se levantó inmediatamente sonriendo y extendiendo una mano cordial hacia Eobard.

P. Manolo: Señor Zolomon, bienvenido a nuestra casa —saludo con total seguridad estrechándose la mano

Eobard: es un placer Señor Witchcraft —respondió Eobard con una voz grave y firme, estrechando la mano de mi padre— Es un placer conocer finalmente su hogar del que tanto me hablo en nuestras reuniones —menciono animadamente, aunque su tono de voz era profundo provocaba que usada las palabras que usara sonaría como una orden


Las presentaciones se sucedieron con una formalidad tensa, Barry saludó a mi padre y luego dirigió una mirada cortés pero de examinación a Sandra, aunque al final realizo una sutil mueca, mientras que Iris me observó con una con desinterés, sin rastro de arrogancia o desdén, aunque a mi hermana si se le quedó viendo. Cuando llegó mi turno de estrechar la mano de Eobard, sentí la fuerza de su agarre, sus ojos se clavaron en los míos, transmitiendo una seriedad que me hizo tragar saliva, era mu imponente su persona, me hacía sentir pequeño.


Eobard: Rafael —dijo, su voz firme, pero sin acritud— Su padre y yo hemos hablado de su nuevo rol y espero que cumpla con su palabra —declaro firmemente viéndome de arriba a abajo


Rafael: Lo… lo haré, señor Zolomon —respondí, tratando de mantener mi tono firme a pesar de que el solo tenerlo frente a mí era como tener un lobo gigante, viéndome


Luego, tuve que dirigirme a Iris, su mano era suave al tacto, y su mirada, aunque directa, no era intimidante a pesar de su altura superior a la mía

Iris: mucho gusto Rafael —dijo con una voz suave y melodiosa —Espero que trabajemos bien juntos —dijo cortésmente sonriendo, aunque note como su mirada se desviaba viendo a Sandra

Rafael: Yo también lo espero, señorita Zolomon —respondí, forzando una sonrisa que no sentía.

Finalmente, conocí a Barry, este se me quedo viendo fijamente, parecía que me analizaba, su apretón de manos fue firme y su mirada se suavizó ligeramente después de un rato, no sé por qué sentía nervios al verle los ojos, tanto que mi enojo casi se me olvidaba.

Mientras las formalidades continuaban y mi padre guiaba a los Zolomon por la mansión, sentí la mirada de Barry clavada en mi espalda, su presencia era discreta, pero constante, aunque hablaba con mi hermana, me observaba de reojo como si intentara descifrar algo en mí.

Y en ese momento, mientras observaba a mi hermana interactuar con su futuro esposo, y sentía la mirada inquisitiva de mi futura jefa, supe que mi plan tenía que ponerse en marcha. Tenía que acercarme a Iris, ganarme su confianza y tenía que encontrar una manera de revertir este destino que me habían impuesto, la noche apenas comenzaba, y yo, Rafael Witchcraft, estaba listo para jugar mi arriesgada partida.

















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