El  Gran Castigo - 3

(Transformación)


El aire en la habitación se espesó con una tensión palpable, el eco de mis gritos de desesperación resonando contra las paredes como un lamento fútil. Mis ojos suplicantes saltaban de mi padre a Eobard, buscando una chispa de humanidad, una señal de que todo esto era una pesadilla grotesca de la que pronto despertaría. Pero solo encontré rostros pétreos, decididos en su retorcida visión de justicia. Barry con una sonrisa de depredador satisfecho, se acercó a la cama, sus ojos recorrieron mi cuerpo tembloroso con una lascivia que me revolvió el estómago. Barry: Tranquila, mi futuro esposa —dijo con un brillo malicioso en la mirada— Pronto todo cosa del pasado y tú serás la perfecta señora Zolomon —dijo seductoramente mientras me acaricia mi cara de manera gentil, eso me dio un escalofrío Sus palabras me ponían muy nervioso, la idea de perder mi identidad, mi virilidad, a manos de este hombre que ahora me miraba como a una posesión, me llenaba de un pánico paralizante. P. Manolo: Rafael hijo —mi padre se acercó lentamente, su rostro surcado por una profunda tristeza— Créeme que si hubiera otra manera… —menciono algo decepcionado —pero la unión de nuestras familias es algo en lo que hemos invertido mucho y tus idioteces no lo arruinaran —declaro severo y autoritario Rafael: ¿idioteces? —Mi voz salió como un graznido ronco, cargado de amargura e incredulidad— ¿En serio dices eso, padre? ¡Me van a convertir en mujer! ¡A tu primogénito, quien debería ser tu Heredero! ¡Me van a obligar a casarme con este ladrón de herencia! — grité frustrado levantándome de la cama Eobard: silencio —intervino con su habitual tono autoritario— No seas melodramático, muchacho, has cometido un error grave y debes pagar por él, esta es la forma de restaurar el honor de mi familia y asegurar la continuidad de nuestros negocios —declaro mientras me agarraba del mentón para luego tirarme a la cama Sentí una punzada de ironía retorcida, no dejaba de temblar nervioso Barry: bueno —se inclinó, su aliento frío rozando mi oído seductoramente causándome escalofríos en mi espalda— Y no olvides, Rafaela tendrás un esposo muy dedicado a que ames tu nueva feminidad —Su insinuación lasciva me hizo estremecer


Barry chasqueó los dedos y dos hombres corpulentos entraron en mi habitación, sus rostros inexpresivos me asustaron eran gigantes, no ofrecieron palabras, solo me sujetaron con firmeza, ignorando mis forcejeos y mis gritos ahogados, me arrastraron por los pasillos de mi propia casa, ahora un laberinto de castigo y desesperación.
El aire en la habitación se espesó con una tensión palpable, el eco de mis gritos de desesperación resonando contra las paredes como un lamento fútil.

Mis ojos suplicantes saltaban de mi padre a Eobard, buscando una chispa de humanidad, una señal de que todo esto era una pesadilla grotesca de la que pronto despertaría. Pero solo encontré rostros pétreos, decididos en su retorcida visión de justicia.

Barry con una sonrisa de depredador satisfecho, se acercó a mi, sus ojos recorrieron mi cuerpo tembloroso con una lascivia que me revolvió el estómago.

Barry: Tranquila, mi futuro esposa —dijo con un brillo malicioso en la mirada— Pronto todo será cosa del pasado y tú serás la perfecta señora Zolomon —dijo seductoramente mientras me acaricia mi cara de manera gentil, eso me dio un escalofrío 

Sus palabras me ponían muy nervioso, la idea de perder mi identidad, mi virilidad, a manos de este hombre que ahora me miraba como a una posesión, me llenaba de un pánico paralizante.

P. Manolo: Rafael hijo —mi padre se acercó lentamente, su rostro surcado por una profunda tristeza— Créeme que si hubiera otra manera… —menciono algo decepcionado —pero la unión de nuestras familias es algo en lo que hemos invertido mucho y tus idioteces no lo arruinaran —declaro severo y autoritario 

Rafael: ¿idioteces? —Mi voz salió como un graznido ronco, cargado de amargura e incredulidad— ¿En serio dices eso, padre? ¡Me van a convertir en mujer! ¡A tu primogénito, quien debería ser tu Heredero! ¡Me van a obligar a casarme con este ladrón de herencia! — grité frustrado levantándome de la cama

Eobard: silencio —intervino con su habitual tono autoritario— No seas melodramático, muchacho, has cometido un error grave y debes pagar por él, esta es la forma de restaurar el honor de mi familia y asegurar la continuidad de nuestros negocios —declaro mientras me agarraba del mentón para luego tirarme a la cama

Sentí una punzada de ironía retorcida, no dejaba de temblar nervioso 

Barry: bueno —se inclinó, su aliento frío rozando mi oído seductoramente causándome escalofríos en mi espalda— Y no olvides, Rafaela tendrás un esposo muy dedicado a que ames tu nueva feminidad —Su insinuación lasciva me hizo estremecer, luego se retiro rápidamente, cosa que no entendi pero me dio un escalofrió



Tras unos minutos de tensión, Barry llegó con una baso de un líquido blanco que ya suponía que era, era mucho, no entendía como había tanto, mientras Barry sonriente cerraba el cierre de su pantalón, al parecer acaba de llenar él basó, yo me intimide y me dio vergüenza al ver como me miraba seductoramente al ver como veía él basó sorprendido 





Tras ello Barry vertió el líquido blanco en el cáliz de plata que sostenía mi padre, luego de la estatuilla se sacó un polvo rosado intenso, este se le añadió a la mezcla transformándola en un líquido rosa intenso del cual salía un vapor intenso, el olor llego a mi nariz, el olor era penetrante intenso y embriagador, algo en mí ponía excitado al olerlo, no dejaba de sudar al sentir como mi cuerpo se sentía como un horno





Barry se acercó con el cáliz mientras que el señor Eobard y mi padre se quedaban en silencio viendo la escena

Barry: Bebe cariño, te haré la mujer más feliz y no te faltará nada —prometió con una voz melosa que extrañamente me causó un vuelco en el estómago, su mirada era intensa, seductora, sentía espasmos en el cuerpo por el olor intenso de la pócima y la cercanía del hombre que me miraba con cariño


Rafael: ¡No! ¡Aléjate de mí con eso! —grité, retorciéndome en el agarre de los hombres, pero mi fuerza menguaba con cada segundo que pasaba. El aroma dulce y embriagador de la pócima me mareaba y la repugnancia hacia la idea de beberla se volvía más débil


Eobard: cállate de una vez —se acercó, su rostro impasible— No seas necio, Rafael, esto es inevitable, cuanto antes lo aceptes, antes terminará tu sufrimiento —declaro serio mientras me agarraba de la cabeza


Barry se arrodilló frente a mí, ofreciéndome el cáliz con una sonrisa suave y persuasiva. 


Barry: Mírame, Rafaela. No tengas miedo, te prometo que esta será la mejor decisión de tu vida, te amaré y te cuidaré como a nadie más —Sus palabras, aunque provenían del hombre que orquestó mi perdición, tenían un extraño efecto en mi mente confundida, una punzada de anhelo, una necesidad inexplicable de creer en sus promesas, floreció en mi interior.


Rafael: No… no quiero… —murmuré sin mucha convicción, mis fuerzas estaban flaqueando, la mirada penetrante de Barry, combinada con el aroma embriagador de la pócima, debilitaba mi resistencia, sin darme cuenta los hombres ya me habían soltado quedándome de rodillas.


Con suavidad, Barry acercó el cáliz a mis labios, el líquido rosa brillante desprendía un vapor que me envolvió, llenando mis sentidos con una oleada de calor y una extraña excitación, mi cuerpo temblaba incontrolablemente, una mezcla de terror y una anticipación desconocida.


Rafael: Por favor… —supliqué en un hilo de voz, pero Barry no vaciló, el borde frío del cáliz tocó mis labios, y el líquido dulce y embriagador comenzó a deslizarse por mi garganta.






No pude resistirme, mi cuerpo pareció relajarse, entregándose a la extraña sensación que invadía cada célula, el sabor dulce y floral de la pócima se extendió por mi boca, dejando un cosquilleo placentero en mi lengua, a medida que la tragaba, un calor embriagador se expandió desde mi estómago, recorriendo mis venas como un fuego suave y delicioso.





Una oleada de euforia me invadió, borrando momentáneamente el miedo y la desesperación. Mis músculos se relajaron, y una sensación de ligereza se apoderó de mi cuerpo, era como si flotara, liberado de las ataduras de mi forma masculina.


La transformación comenzó como una danza sensual dentro de mí, sentí mis huesos remodelarse con una suavidad sorprendente, sin el dolor agudo que me quedo en la pelvis por el encuentro de la noche anterior. 

Mis caderas se ensancharon con una curva delicada, y una sensación cálida y placentera se concentró en mi pecho, hinchándolo suavemente, mi piel se volvió más tersa y sensible, cada roce del aire era una caricia exquisita.




Mis testículos se encogían al igual que mi miembro, haciéndome sentir como si alguien me estuviera masturbando, jade al sentir como mis testículos se hundían en la ingle, gemía sin parar, mi voz se tornaba aguda mientras más gemía, mientras lo que quedaba de mi pene se succionaba dentro de mí, seguí gimiendo mientras se formaban mis nuevos ovarios, y la presión acabó por desaparecer con la formación completa de un aparato reproductor femenino, cuyo punto culminante era mi nueva vagina, con mucho miedo abrí las piernas, las cuales ahora eran completamente lampiñas, observando con espanto que ahora una vagina yacía en el lugar donde debería estar mi pene. 





De repente otra vez placer inefable se apoderó de la zona donde antes residía mi masculinidad, una sensación nueva y palpitante que me hizo jadear suavemente, mientras sentía una humedad extraña en mi nueva entrepierna, era un cambio radical, pero extrañamente sentía mucho placer, una curiosidad incipiente floreció en mi mente confundida.




Mis labios se hincharon ligeramente, volviéndose más suaves y carnosos, mis pómulos se elevaron, y mis ojos parecieron agrandarse, enmarcados por pestañas que se alargaban y oscurecían, mi cabello creció rápidamente, cayendo en ondas suaves y brillantes sobre mis hombros, con un aroma dulce y embriagador similar al de la pócima, un aroma que extrañamente me excitaba.





La mirada de Barry sobre mí se intensificó a medida que la transformación se completaba, sus ojos oscuros brillaban con una mezcla de posesión y una admiración palpable, sentía una punzada de un deseo desconocido, una necesidad de su tacto, de su cercanía, se apoderó de mi ser recién transformado, su presencia, antes amenazante, ahora irradiaba una extraña y magnética atracción.


Lo último que escuché antes de que la oscuridad me envolviera fue su voz suave y triunfal, cargada de una promesa seductora.


Barry: Ahora eres perfecta, mi hermosa Rafaela, te lo prometo, te haré la mujer más feliz—dijo cariñosamente mientras la cargaba en brazos como una princesa dormida 


Al despertar podía sentir mi cuerpo completamente diferente, pero me sentía con el cuerpo muy adormilado, pensé que lo de ayer habría fue una pesadilla tonta, hasta que abriendo mis ojos note que me encontraba en un lecho de seda, en una habitación de color rosa elegante, me sentía más pequeño, más ligero, sentí mi cabello más largo, mi piel más suave y con mi pecho más pesado. 




Abrí los ojos lentamente, sintiendo una extrañeza que no podía explicar. La luz del sol se filtraba por las cortinas de la habitación, iluminando un espacio que, de alguna manera, parecía diferente, me incorpore con dificultad, notando que mi cuerpo no respondía como antes, mis manos, ahora más delicadas, rozaron las sábanas de seda que cubrían mi cuerpo desnudo, baje la mirada y me quede impactada : pechos firmes y redondos, una cintura estrecha y caderas pronunciadas. Mi piel, antes áspera y masculina, ahora era suave y sedosa.


Un grito ahogado escapó de mis labios mientras me tocaba, confirmando que aquello no era un sueño , me había convertido en una mujer, no entendía absolutamente nada y lo único que podía pensar era que todo se debía se trataba de una pesadilla o una broma cruel .

Tras unos minutos, mis ojos, ahora más grandes, miraban con una mezcla de sorpresa y una incipiente aceptación, incluso con un ligero rubor en mis mejillas al contemplar mis nuevos atributos, una punzada de curiosidad, una extraña sensación recorrió mi cuerpo recién transformado.

Rafaela: soy… ¿Soy yo? — pregunté impactada, más al oír mi voz ahora aguda y totalmente femenina, no dejaba de hacerme preguntas en mi cabeza, pero algo interrumpió mis pensamientos.





La puerta se abrió y Barry entró, su rostro iluminado por una sonrisa radiante, su mirada se posó en mí y sus ojos oscuros brillaron con una intensidad que hizo que mi corazón se sacudiera, ahora latiendo de una manera suave y femenina, siendo un vuelco placentero, él se acercó a la cama con una gracia felina, sus movimientos suaves y deliberados.

Barry: Buenos días, mi dulce Rafaela —dijo con una voz suave y cargada de afecto, sentándose al borde de la cama y acariciando mi mejilla con el dorso de su mano— ¿Cómo durmió mi querida prometida? —dijo amorosamente mientras le daba cariño

Una calidez extraña se extendió por mi pecho al escuchar la palabra “prometida”, un escalofrío recorrió mi cuerpo, pero esta vez fue una mezcla de nerviosismo y una anticipación desconocida, sentía calor y una atracción innegable hacia este hombre, mi futuro esposo, comenzaba a florecer en mi interior recién transformada, una necesidad de su tacto que antes me habría repugnado ahora era una punzada latente, una sensación extraña y placentera.

Barry aprovechó mi palpable confusión en mí ahora yo femenino para acercársele a mi boca lentamente 


Rafaela: que… ¿Qué… que vas a hacer? —pregunte nerviosa retrocediendo en la cama mientras que Barry se echaba sobre ella de manera seductoramente dominante, mientras acercaba más su rostro casi rozando los labios, el calor en mi cuerpo me hacía un revuelo de pensamientos y cuando estábamos por besarnos la puerta se abrió de nuevo




La puerta de la habitación se abrió de golpe, y Romina, mi madre, entró con una expresión severa pero preocupada, me separe al instante de Barry ,me cubrí instintivamente con las sábanas, mi rostro enrojeciendo de vergüenza.

El rostro de mi madre, Romina, se iluminó al verme, sus ojos brillando con una mezcla de alegría y alivio, se acercó a mí con pasos rápidos y delicados, su figura menuda irradiando una feminidad suave y reconfortante.


Romina: ¡Mi niña! ¡Rafaela, mi amor! —exclamó con una voz dulce y melodiosa, extendiendo sus brazos hacia mí con una expresión de cariño maternal— ¡Estás tan hermosa! ¡Siempre supe que en el fondo eras una mujer! —dijo mientras me abrazaba con ternura, su perfume floral inundando mis sentidos.



Sentí una punzada de confusión y extrañeza al escuchar sus palabras, pero también una sensación cálida y reconfortante al sentir su abrazo, su cercanía me transmitía una seguridad que no había sentido en mucho tiempo, sus palabras resonaban en mi mente, sembrando una semilla de leve aceptación en mi interior.


Rafaela: Mamá… ¿Qué está pasando? —pregunté con una voz temblorosa, mis ojos buscando respuestas en su rostro, la confusión y el miedo aun nublando mi mente— ¿Por qué estoy así? ¿En serio soy una mujer? —cuestione muy confundida 


Romina: Cariño, no te preocupes, todo está bien —respondió con una sonrisa suave, acariciando mi cabello con delicadeza— Tu padre y el señor Zolomon tomaron una decisión, para asegurar tu felicidad y tu futuro, en el fondo siempre quise tener otra hija y ahora no solo la tengo, sino que puedo enmendar mis fallos al educarte como hombre hijita —decía con una sonrisa sincera 


Sus palabras me impactaron como un rayo, la idea de que mi propia madre me viera como una mujer me desconcertó, pero al mismo tiempo me hizo sentir una extraña liberación, era como si una parte de mí, una parte que había estado oculta y reprimida durante mucho tiempo, finalmente pudiera respirar.



Barry: Disculpe Señora Romina, por favor déjenos un momento a solas —intervino con una voz suave y persuasiva, acercándose a mi madre y tomándola de la mano con una sonrisa encantadora— Rafaela y yo tenemos mucho de qué hablar —menciono tentativamente mientras me veía de reojo 


Romina: Por supuesto, cariño —respondió con una mirada cómplice hacia Barry, luego se volvió hacia mí con una sonrisa maternal— Hija, no tengas miedo, Barry te ama y te cuidará como a nadie más, confía en tu hombre, él sabe lo que es mejor para ti —menciono animada 


Tras decir esas palabras, mi madre salió de la habitación, dejándome a solas con Barry, la tensión en el aire se hizo palpable, su mirada intensa y seductora me hacía sentir un calor incontrolable en mi cuerpo, su presencia me atraía de una manera inexplicable, una necesidad de su tacto, de su cercanía, se apoderaba de mi ser recién transformado.


Barry: Ahora que estamos solos, mi dulce Rafaela —dijo con una voz ronca y sensual, acercándose a mí lentamente, sus ojos oscuros brillando con una lujuria contenida— Quiero mostrarte lo feliz que serás a mi lado, quiero enseñarte los placeres de ser una mujer, quiero hacerte mía —declaro lujuriosamente mientras me veía como una presa 


Sus palabras me hicieron temblar, una mezcla de miedo y excitación recorrió mi cuerpo, la idea de entregarme a él, de experimentar los placeres que prometía, me aterraba y me atraía al mismo tiempo, mi mente estaba en conflicto, mi corazón latía con fuerza, mi cuerpo anhelaba su contacto.





Rafaela: No… no, yo… yo soy un hombre —murmuré con una voz apenas audible, mis ojos fijos en los suyos, incapaz de apartar la mirada de su rostro— ¿pero por qué siento atracción a ti?… no entiendo lo que siento —mencionaba confundida 


Barry: No tienes que entender nada, mi amor —respondió con una sonrisa suave, acariciando mi mejilla con el dorso de su mano— Solo déjate llevar, confía en mí, te prometo que no te arrepentirás, te haré sentir cosas que nunca has sentido antes y al final amaras a tu nueva yo Rafaela —prometió seductoramente mientras se acercaba aún más


Con suavidad, Barry acercó su rostro al mío, sus labios rozando los míos con una delicadeza exquisita, sentí un escalofrío recorrer mi cuerpo, una corriente eléctrica que me hacía vibrar desde la cabeza hasta los pies, el deseo me invadía, la necesidad de besarlo, de sentir sus labios sobre los míos, se hacía irresistible.


En ese momento, la puerta se abrió de golpe, revelando la figura imponente de mi padre, Manolo, su rostro sombrío y su mirada llena de reproche.


P. Manolo: ¡Barry! ¿Qué crees que estás haciendo? —exclamó, con una voz severa, su presencia interrumpiendo el momento íntimo que estábamos compartiendo— ¡Todavía no están casados! ¡No puedes aprovecharte de mi hija de esa manera! —grito algo molesto y ¿protector?


Barry: Manolo, cálmate suegro, no estoy haciendo nada malo —respondió con una sonrisa cínica, apartándose de mí con desgana— Solo estaba consolando a Rafaela, está pasando por un momento difícil, necesita mi apoyo —mentía descaradamente aunque mas parecía un niño reprendido, se vio ¿tierno? 


P. Manolo: Barry recuerda que debes esperar a que Rafaela sea educada para ser una mujer y esposa adecuada —menciono serio 


Barry: lo se, descuida —menciono desganado mientras suspiraba algo decepcionado, como un niño regañado —descuide respetaré el honor de mi futura esposa y juro que se mantendrá pura hasta la noche de bodas —prometió con firmeza mientras se levantaba ,aunque me dio una leve mirada seductora que me sonrojo


Mientras mi padre y Barry hablaban de la situación como si no estuviera ahí, yo estaba demasiado abrumada, era mucho que procesar, demasiadas sensaciones nuevas y termine desmallándome en la cama.

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