El  Gran Castigo - 2

(Gran Error)



La cena fue un ejercicio tenso de cortesía forzada, mi padre se esforzaba por mantener una conversación animada con Eobard, discutiendo sobre las sinergias entre nuestras empresas con un entusiasmo exagerado, mi madre, fiel a su papel, asentía suavemente a cada comentario, ofreciendo cumplidos insípidos sobre la decoración y la comida. Sandra, por su parte, intentaba mantener una conversación con Barry, quien parecía genuinamente interesado en sus opiniones sobre el mercado de perfumes, aunque sus ojos a menudo se desviaban hacia mí, con una intensidad que me ponía los nervios de punta.

Iris, sentada a mi lado, era un enigma, ella escuchaba atentamente las conversaciones, ofreciendo comentarios perspicaces cuando era necesario, pero manteniendo una distancia educada. Su mirada se cruzaba con la mía en ocasiones, pero no lograba descifrar lo que pensaba, parecía que me veía como quien una moneda, una observación aguda que me hacía sentir incómodo bajo su vista, pero su mirada se fijaba en más de una ocasión en mi hermana.

Yo, por mi parte, me esforzaba por parecer un anfitrión cortés, aunque por dentro hervía de resentimiento, cumplía con las formalidades, ofrecía vino, preguntaba sobre sus viajes, pero mi mente estaba en otra parte, urdiendo un plan, necesitaba acercarme a Iris, tal como mi padre había “sugerido”, necesitaba ganarme su confianza, aunque mis motivos fueran oscuros serían para asegurar mi futuro.

Después de la cena, mientras los adultos se retiraban al salón para discutir los detalles del compromiso de Sandra, Iris se quedó en el comedor, observando la cerámica antigua con una expresión pensativa, vi mi oportunidad.


Rafael: ¿Es hermosa, verdad? —dije, acercándome a ella con una sonrisa forzada —Es una herencia familiar, según mi padre, es el mayor legado de mi abuela — relaté fingiendo amistad, acercándome más 

Iris: si es muy hermosa —se giró, sus ojos brillando bajo la luz tenue del candelabro —se nota que tiene un gran peso en la historia de tu familia —Su mirada se deslizó brevemente hacia el salón, donde las voces de nuestros padres se elevaban en un murmullo negociador.

Rafael: creo que ahora nosotros somos familia, supongo —comenté, tratando de sonar ligero y casual, aunque la tensión en el aire era casi palpable.

Iris: si … —dijo casi como susurro, una sombra fugaz cruzó su rostro, tan rápido que dudé haberla visto —Supongo —termino con un tono algo molesto 

Rafael: Su padre parece un hombre muy… directo —aventuré, buscando un terreno neutral para iniciar una conversación más personal.

Iris: Lo es —respondió Iris con una pequeña sonrisa que no alcanzaba sus ojos— mi Padre es un hombre que no se anda con rodeos —menciono con confianza cerrando los ojos

Rafael: algo que admiro —mentí con una convicción que esperaba fuera creíble — La franqueza es una gran virtud —mentí descaradamente 

Iris: si a veces —añadió Iris, su mirada volviéndose hacia mí, analítica— Otras veces, la sutileza es más efectiva. Depende de los objetivos que uno tenga —dijo enigmáticamente 


Sentí un escalofrío recorrer mi espalda. ¿Había una advertencia velada en sus palabras? ¿Sospechaba de mis intenciones? Su inteligencia era palpable, y me di cuenta de que subestimarla sería un error fatal.

Rafael: hmmm ... Supongo que depende de la situación —dije, tratando de parecer despreocupado mientras mi mente trabajaba a toda velocidad.

Iris: Así es —respondió ella, su mirada aún fija en mí, aunque ahora con un matiz diferente, casi de estudio— Y de las personas involucradas y lo que realmente desean —Sus ojos se desviaron sutilmente hacia el salón, donde mi hermana hablaba con Barry, antes de volver a mí.

La conversación se detuvo allí, dejando un silencio cargado de preguntas sin formular, sentía su escrutinio, como si intentara leer mis intenciones ocultas, sabía que tenía que ser cauteloso, que cualquier movimiento en falso podría alertarla.




En los días siguientes, como prueba de unión los Zolomon se quedaron a vivir en la mansión, me esforcé por cumplir mi papel de “asistente” de Iris, aunque con una agenda oculta, empecé por llevarle el desayuno, al entrar a su habitación la vi cambiándose, ella no pareció importarle es más parecía seducirme, admito era muy sensual su apariencia, me disculpe fingiendo respeto para luego salir de la habitación tras dejar la bandeja.


Proseguí por mostrarle los alrededores de la mansión, incluso a intentar entablar conversaciones sobre el negocio familiar Zolomon, aunque mi interés real radicaba en ella, y en cómo podía usarla para escapar de mi propio destino, noté que su atención a menudo se centraba en Sandra, observándola con una intensidad que iba más allá de la simple cortesía entre futuras cuñadas, era muy raro eso.


Mientras la acompañaba por los jardines, la vi detenerse frente a un rosal, admirando una flor de un color carmesí intenso.

Iris: Son hermosas — comentó ella, su voz suave — tan delicadas y, sin embargo, tan fuertes —comento con mucha admiración Rafael: Como ciertas personas —respondí, tratando de dirigir la conversación hacia un terreno más personal con un tono adulador Iris se giró, y por un instante, creí ver una chispa de interés en sus ojos Rafael: una duda —aproveché el momento para aclarar mis dudas— He notado que… que observas mucho a mi hermana —mencione con curiosidad Iris: bueno —una leve sonrisa apareció en sus labios — Sandra es una mujer muy centrada y admiro su determinación —dijo con una sonrisa muy grande


Rafael: Sí, supongo —confirmé, sintiendo una punzada de celos —Es muy ambiciosa y pasa casi todo su tiempo en las oficinas — mencioné aguantando mi enojo Iris: La ambición no es un defecto —replicó Iris con firmeza, casi molesta o a la defensiva— Especialmente en un mundo como el nuestro —Su mirada volvió hacia el rosal, pero sentí que su mente estaba en otra parte. Con el paso de los días, mi “asistencia” se volvió más personal, todas mañanas le llevaba el desayuno, llevaba y recogía su ropa de la lavandería, revisando cada tanto su ropa interior, sobre todo sus tangas que robaba y usaba para masturbarme pensando en como sería cuando por fin me acueste con ella para volverla mía y recuperar mi futuro.

También tenía que ordenar sus documentos en las oficinas, llevarle café y agendar sus citas de negocios, en la mansión la acompañaba en sus paseos nocturnos por el jardín, compartíamos silencios bajo la luna, y poco a poco, comencé seducirla con gestos pequeños ella me daba miradas seductoras y más de una vez se me insinuaba, algo raro que noté fueron sus miradas prolongadas hacia Sandra, la forma en que sus ojos se iluminaban cuando mi hermana hablaba con pasión sobre los negocios era rara.

Durante todo este tiempo los planes de la boda de Sandra y Barry prosiguieron, a pesar de la inconformidad notable en mi hermana y el nulo interés de Barry, de hecho Barry se me quedaba viendo más de una vez, eso me ponía nervioso, parecía un depredador viendo a su presa. Mi padre, al igual que Eobard insistían en que Barry y Sandra se mantuvieran castos hasta la noche de matrimonio, donde debía embarazar a mi hermana.





Una noche, Iris me pidió que la acompañara al jardín después de que todos se retiraran a sus habitaciones, la luna llena bañaba el paisaje con una luz plateada, creando una atmósfera casi mágica, nos sentamos en nuestro banco de piedra habitual, pero esta vez había una tensión palpable en el aire.


Iris: es hora —rompió el silencio, su voz suave pero directa: Rafael, sé que no estás contento con cómo se han dado las cosas —menciono directamente 


Rafael: ¿Contento? —respondí con una risa amarga — ¿En serio esperas que esté contento de ser el sirviente de una extraña mientras mi hermana se casa con el heredero de un imperio y además me quitan mi herencia familiar? —mencione muy irritado 


Iris: No —dijo Iris, su mirada fija en las rosas blancas que brillaban en la oscuridad —Pero creo que ambos podemos tomar el mejor lado de algo más de lo que esta situación nos ofrece —menciono con una sonrisa seductora apoyando su pecho en mi brazo, sin importarle mucho lo que yo dije


Rafael: ¿A qué te refieres? —La miré con suspicacia


Iris: verás Rafael —se giró hacia mí, sus ojos miel brillando con una intensidad inusual —Sé que estás enojado con tu hermana, Rafael, sé que su compromiso con Barry te enfada —su mano se deslizó por mi brazo, deteniéndose justo encima de la mía viéndome con ojos de deseo —sé que crees que tu hermana la tendrá fácil, ya que solo deberá casarse y dar a luz para tener todo lo que tú mereces —menciono tentativamente acariciando mi mano de manera seductora 





Mi corazón dio un vuelco “¿Cómo lo sabía? ¿Acaso era tan obvio mi resentimiento por Sandra que intentaba ocultar?”, pensé preocupado 


Iris: y yo… —continuó Iris, su voz apenas un susurro cargado de una extraña mezcla de anhelo y determinación, su mirada se dirigió fugazmente hacia la ventana iluminada de la habitación de Sandra antes de volver a mí —yo tampoco estoy donde quiero estar —su agarre en mi mano se intensificó ligeramente, su pulgar acariciaba mi dorso lentamente.

Rafael: Iris —dije, mi voz ahora más suave, más intrigada — ¿Qué podemos hacer? —pregunte sintiendo su cercanía, su perfume embriagador y la creciente confusión en mi interior, ella me intimidaba con su cercanía, jamás me había pasado, podía acostarme con cualquier mujer que quisiera en el pasado, pero esta chica más alta que yo y con una mirada decidirá me desarmaba me sentía pequeño Iris: ahora escúchame bien —Ella se acercó aún más, su aliento cálido rozando mi oído, sus labios peligrosamente cerca de los míos —Podemos ayudarnos mutuamente, Rafael —susurró, su voz cargada de una promesa implícita —Tú me ayudas a… a sentirme menos sola en esta casa, a tener a alguien que me comprenda —su mano libre se alzó para acariciar mi mejilla con una suavidad sorprendente —Y yo… yo te ayudaré a… a encontrar una manera de sentirte valioso de nuevo —su mirada descendió a mis labios por un instante, sus ojos brillaban con una intensidad que nunca antes había visto dirigida hacia mí. Ella se me estaba insinuando como nunca, pero cuando estaba por preguntar a qué se refería, ella me besó con lengua de una manera dominante y lujuriosa, jamás nadie me había besado de esta manera, me sentí débil.


El beso de Iris fue una descarga eléctrica que recorrió todo mi cuerpo, su boca se movía sobre la mía con una mezcla de urgencia y una dulzura inesperada, su lengua danzaba con la mía, explorando cada rincón, y por un momento, olvidé por completo mi plan inicial y mi resentimiento hacia Sandra, solo existía la intensidad de ese instante, la calidez de su cuerpo contra el mío, el embriagador aroma de su piel. Yo estaba con una camisa ajustada y jeans desgastados, me había vestido así para proyectar una imagen de confianza, pero en el fondo, mi inseguridad me carcomía. Yo siempre había sido el que tomaba el control, el que decidía cómo y cuándo, pero esa noche, algo en el aire parecía diferente. Iris portaba un vestido negro ceñido que resaltaba su figura esbelta y sus largas piernas, su altura le daba la facilidad de dominarme en el beso y su presencia me intimidaba cada vez más, mientras sentía como algo entraba en mi boca, algo que no fue su lengua, algo de sabor amargo, pero no le preste atención, ya que el dominio de su beso me dejaba en shock. Cuando nos separamos, jadeando ligeramente, sus ojos brillaban con una intensidad que me desarmaba, su mano se deslizó desde mi mejilla hasta enredarse en mi cabello, acercándome de nuevo. Iris: Esta noche, Rafael —susurró, su voz ronca y cargada de una promesa tácita —Esta noche olvidaremos todo lo demás, solo seremos tú y yo —dijo lujuriosamente lamiéndose los labios


Su invitación era clara, y a pesar de la confusión y la creciente sospecha que aún persistía en mi mente, una parte de mí, una parte que había estado reprimida durante mucho tiempo, anhelaba esa conexión, esa intimidad, me gustaba el cómo me domino, quizás en sus brazos, podría encontrar un respiro de la opresión que sentía. Rafael: ¿Estás segura de esto, Iris? —pregunté, mi voz apenas audible, luchando contra la creciente excitación y una punzada de duda. Iris: je, je, je —sonrió, una sonrisa que parecía sincera por primera vez —Nunca he estado más segura de nada, Rafael —su mano bajó hasta mi cuello, sus dedos acariciando suavemente mi piel —Déjame mostrarte lo que realmente deseo —dijo para luego morder seductoramente mi oreja Sentía un ardor en todo mi cuerpo, me sentía débil, muy excitado, tenía ya una erección fuerte, no sabía por qué, era como si hubiera estado bebiendo Alcohol, pero poco me importo, me tomo de la mano y me guio. Caminamos en silencio durante unos minutos por la mansión, ya que todos estaban dormidos, caminamos en silencio hasta llegar a su habitación. Rafael: ¿Dónde estamos? —preguntó confundido por la excitación, sentía todo nublado, mi voz revelaba una mezcla de curiosidad y nerviosismo. Iris: En mi territorio —respondió Iris, mientras me empujaba para entrar de forma autoritaria El cuarto de Iris era un espacio amplio y minimalista, con grandes ventanales que ofrecían una vista impresionante de la ciudad y un minibar. La luz tenue de las lámparas creaba una atmósfera íntima y seductora. Iris: Siéntete como en casa —ordeno ella, soltando mi mano y dirigiéndose hacia el bar del cuarto. Mire a mi alrededor, sintiéndome un poco fuera de lugar, no estaba acostumbrado a que me mandaran y menos con quien me mandara fuera mujer, excepto mi abuela, pero Iris me dominaba y parecía tener el control de la situación. Ella me trajo un trago de color rojo a la cama, lo último que recuerdo fue tomar la bebida.

Intenté levantarme, pero un dolor punzante en la zona baja de mi espalda me hizo gemir y caer de nuevo sobre las sábanas de seda, mi cuerpo se sentía dolorido, como si hubiera corrido un maratón. Miré a mi alrededor, notando la ropa tirada por el suelo: mi camisa desabrochada, mis pantalones a medio caer, y las prendas íntimas de Iris esparcidas como trofeos de una batalla pasional.

La confusión en mi mente era densa, recordaba vagamente el sabor dulce y embriagador de la bebida roja, los besos voraces de Iris, sus manos expertas recorriendo mi cuerpo... pero había lagunas, momentos borrosos que no lograba encajar. Tenía la extraña sensación de no haber sido yo quien llevó la batuta, de haber sido arrastrado por una corriente poderosa y desconocida. Mientras intentaba reconstruir los fragmentos de la noche anterior, la puerta de la habitación se abrió de golpe, revelando una escena que heló la sangre en mis venas. Barry estaba parado en el umbral, su rostro una máscara de furia contenida, y detrás de él, con expresiones de profundo enojo y decepción, estaban mi padre, Manolo, y el señor Eobard Zolomon.




Barry: ¡Miren esto! —exclamó con voz profunda, señalándonos con un dedo acusador —¡Tal como les dije! ¡En la misma cama! —exclamo acusativamente P. Manolo: ¡RAFAEL! —grito muy enojado mi padre, su rostro habitualmente jovial ahora estaba contraído por la rabia —¡Rafael! ¿Qué significa esto? ¡Has deshonrado a esta familia! —grito muy indignado Eobard: esto es una vergüenza —Eobard menciono con su voz intimidante, se acercó, su mirada fría y penetrante recorriendo la escena con desdén— Manolo, esto es inaceptable, tu hijo ha mancillado el honor de mi hija. ¡Después del acuerdo que habíamos alcanzado! —reclamo mu enojado pero sin perder su tono serio Iris: ¿eh? —dijo ella al despertar sobresaltada, se cubrió con la sábana, sus ojos llenos de lágrimas falsas— Padre… Barry… él… él se aprovechó de mí. Yo… yo confiaba en él —Su voz temblaba muy asustada, si no fuera yo el acusado le habría creído.

Rafael:¡¿Me aproveche de ti?! —exclamé, sintiendo la injusticia clavarse en mi pecho —¿De qué estás hablando, Iris? ¡Tú fuiste quien…! —Reclame enojado, a lo que ella cerro los ojos asustada, pero mi voz se quebró al ver la mirada acusadora de mi padre y el desprecio en los ojos de Eobard, no me creerían, ya habían llegado a sus propias conclusiones, basadas en la “evidencia” irrefutable de la escena. P. Manolo: Rafael —dijo enojado con mirada sombría, mientras se acercó a la cama, su rostro congestionado por la ira— Rafael, siempre fuiste un irresponsable, pero esto… esto es imperdonable, has deshonrado a la señorita Zolomon antes del matrimonio de tu hermana con Barry —declaro furioso agarrándome del cuello de mi camisa desabotonada —¡Has traído vergüenza sobre nuestro nombre! —me grito furioso


Rafael: ¡Pero padre, no es como parece! —intenté defenderme, sintiéndome cada vez más confundido y desesperado — ¿Iris y yo…! —tartamudeaba sin saber como explicar Eobard: ¡Silencio! —alzo la voz Eobard, su voz resonando con autoridad —Tu comportamiento es despreciable, muchacho, has faltado a tu palabra y has ultrajado a mi hija, esto tendrá consecuencias —declaro terroríficamente Barry: je — me lanzó una mirada de satisfacción sonriendo de lado — Ahora verás, Rafael, pagarás caro tu traición —menciono burlonamente


Iris: ¿por qué Rafael? —pregunto con lágrimas aun corriendo por sus mejillas, añadió con voz quebrada— Mi honor… mi futuro… todo está arruinado por su culpa —lloraba desconsolada
Las palabras de Iris fueron la puñalada final, sentí cómo la incredulidad se transformaba en una amarga comprensión. Ella me había tendido una trampa, y yo, ciego y estúpido, había caído directamente en ella. Pero ¿por qué? ¿Cuál era su verdadero juego? Barry: bueno padre —En ese momento, Barry habló, su voz ahora cargada de una satisfacción fría y calculadora— Padre, señor Witchcraft, creo que hay una manera de reparar este agravio, Rafael deshonró a mi hermana al acostarse con ella antes de cualquier tipo de compromiso, arriesgando la unión de nuestras familias y negocios, Rafael ahora nos debe algo —declaro serio intentado no sonreír
                        

Manolo y Eobard intercambiaron miradas, considerando la propuesta de Barry, el silencio en la habitación era denso, cargado de un juicio inminente. Finalmente, Eobard asintió lentamente mirándome con seriedad. Eobard: Tienes razón, Barry, debe haber una compensación… un castigo adecuado —dijo serio viéndome analíticamente, para luego ver a mi padre de manera seria —tu chico ha deshonrado a mi hija a mi familia y falto a su palabra —menciono con su voz seria, mientras cubría a su hija con una manta y le hacía salir de la habitación
P. Manolo: tienes razón señor Zolomon —Mi padre, avergonzado y furioso, asintió con vehemencia— Estoy de acuerdo. Rafael debe asumir las consecuencias de sus actos —mención ya menos enojado, yo solo temblaba sin saber qué me pasaría
Barry: disculpen, creo que tengo una propuesta que puede solucionar todo para todos — menciono sonriente, una sonrisa que no llegaba a sus ojos —Entonces, propongo esto, como Rafael deshonró a mi hermana al tomarla antes del matrimonio, ahora Rafael se casará conmigo en su lugar y será mi mujer en lugar de Sandra —declaro con confianza



Un escalofrío helado recorrió mi cuerpo. ¿Casarme con Barry? La idea era absurda, grotesca. Miré a mi padre en busca de una negación, de una señal de que todo esto era una pesadilla, pero su rostro tenía la vista fija en Barry
Manolo y Eobard se miraron de nuevo, sopesando la extraña propuesta, la tradición, el honor familiar, la reparación del “daño”… todo parecía encajar en su retorcida lógica, pero algo no encajaba.
Eobard: entiendo a que te refieres hijo —asintió lentamente, su mirada fija en mí con una intensidad escalofriante — Es una medida drástica, Manolo, pero entiendo la lógica de Barry, tu hijo quito la pureza a mi hija, lo justo es que mi hijo le quite la suya a Rafael ahora como su esposa —menciono serio mientras se me acercaba y acariciaba terroríficamente el rostro P. Manolo: ¿de que hablan? —Mi padre parecía debatir internamente, su rostro reflejaba una mezcla de vergüenza y una reticencia palpable— Pero… Rafael es mi hijo… un hombre… — dijo algo irritado por no entender Barry soltó una risa breve y carente de humor.
Barry: ¿Un hombre? Un hombre que se aprovechó de mi hermana, que mintió y engañó, no sé usted, pero yo no veo mucha hombría en eso, señor Witchcraft —comento desafiante —además es lo justo —dijo Barry con firmeza — Rafael tomó lo que no le pertenecía, es justo que ahora, pagará con su futuro —menciono carismáticamente P. Manolo: pero Rafael es hombre —menciono mi padre confundido Eobard: señor Witchcraft eso de hecho se puede solucionar —intervino, su voz grave y autoritaria llenando la habitación —recuerdo que en nuestro viaje usted me contó una historia muy interesante de su familia —empezó a relatar enigmáticamente — La tradición familiar de los Witchcraft ofrece una solución, ¿no es así, Manolo? —menciono de manera dominante — ese ídolo de la Fertilidad del que me hablaste, una forma de corregir ciertos errores —Su mirada se posó en mí, gélida y calculadora. Yo estaba temblando, asustado, no sabía qué hacer, estaba muy asustado, me sentía diminuto en la habitación rodeada por los 3 hombres altos. Mientras mi padre entendiendo que querían Barry y Eobard prosiguió por contar una historia P. Manolo: La 1era esposa de mi padre falleció en un accidente de autos por culpa de hombre ebrio —empezó seriamente mientras se sentaba en una silla —luego de eso mi padre decidio tomar una compensación del hombre causante de la muerte de su esposa —mencionaba seriamente viéndome de reojo amenazante Yo muy asustado trague saliva mientras sudaba frío                                    


P. Manolo: jamás creí contar esta historia sobrio, mi padre uso la reliquia familiar, el ídolo de la Fertilidad —menciono aún sorprendido de estar hablando del tema —una estatuilla de cerámica que contiene dentro un polvo mágico, este al mezclarse junto al semen de un hombre se crea una pócima especial —mencionaba serio mirándome —si un hombre bebe esa pócima se transformaba en una mujer que será sumisa y enamorada para el hombre del que se usó el semen —relato fríamente —eso le hizo mi padre al hombre que atropello por error a su esposa, transformándole en su 2da esposa, o sea mi madre —concluyó seriamente mientras tomaba un trago que se sirvió

Rafael: ¿de ... De que estás hablando papa?, ¡¡¡¡¡¡esto es una locura!!!!!! —asustado no dejaba de tartamudear hiperventilando

Barry: ¿eso crees? —sonrió con una frialdad escalofriante —Así es, Rafael, una locura deliciosa, ¿no crees? —Se acercó a mí, su presencia era intimidante y se notaba con mirada lujuriosa— Vas a pagar por lo que hiciste, vas a ser mi esposa y serás una esposa muy agradecida —mención viéndome con lujuria Eobard: con ello aclarado —asintió lentamente, su mirada severa— La tradición es clara, Manolo, y parece que tu familia tiene los medios para restaurar el equilibrio, Rafael ha causado una gran ofensa, esta es la manera de enmendarlo —sentencio fríamente Mi padre suspiró profundamente, su rostro denotaba una mezcla de vergüenza y resignación. P. Manolo: Nunca pensé que tendría que recurrir a esto... pero supongo que no hay otra opción —Me miró con una tristeza que no alcanzaba sus ojos— Rafael... hijo... lo siento —menciono algo triste Rafael: ¡¿Lo sientes?! —exclamé, mi voz quebrándose por la incredulidad y el terror —¿En serio, padre? ¿Vas a permitir que me hagan esto? ¡Me están hablando de transformarme en mujer! ¡De casarme con Barry! — grité histéricamente Barry: jeje qué tierna —soltó una risa seca— Oh, Rafael... o debería decir... ¿Rafaela? No seas dramática, piensa en las ventajas, tendrás un esposo rico y poderoso que te proveerá. ¿No es eso lo que todas las mujeres desean? —Su tono era condescendiente, como si hablara con un niño pequeño. Rafael: ¡Yo no quiero ser una mujer! ¡Yo no quiero casarme contigo! —grité, intentando liberarme de la opresión que sentía, pero estaba paralizado por el miedo y la incredulidad. Eobard: cállate de una vez —ordeno estrictamente mientras se acercaba, su presencia imponente — tú te lo buscaste y la decisión está tomada, Manolo y Barry se encargarán de preparar la pócima, y tú, Rafael, tendrás tiempo para reflexionar sobre tus acciones antes de tu transformación y matrimonio —Su mirada era fría y final. Sentí cómo la esperanza se desvanecía, reemplazada por una oleada de terror. Estaba atrapado, sin escapatoria, la traición de Iris, la retorcida “justicia” de Barry y la resignación de mi propio padre me habían sentenciado a un destino que me aterraba más allá de toda comprensión. Fui utilizado, engañado y ahora, iba a pagar el precio más alto imaginable, perdiendo mi propia masculinidad en el proceso.






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